jueves, 19 de mayo de 2011

De la lujuria al amor

L

a restauración de la dignidad del cuerpo nos demuestra cómo el ser humano se atrevió a desnudarse a sí mismo, paulatinamente, de alma y cuerpo; despojándose de los miedos impuestos de la época y los suyos mismos, tomando su cuerpo a su propia disposición, desmitificándolo y viéndolo más carnal, más mundano y quizá en algunos casos más pueril. Viviéndolo enteramente, no a mortajadas; ahora no sólo se puede llegar a dios contemplativamente, súbitamente la gente encuentra otra alternativa, admirando la belleza y en consecuencia conociendo el amor.

Se pasa de una esfera en la que la única forma en la que se puede llegar a dios es por medio de admirar la belleza en cualquier lugar, para con ello, ver el alma misma y poder arribar hasta dios, a una contraparte, en donde el contacto físico, propio de los placeres sensuales, te hace decender demasiado en la materia y así, ser considerado menos virtuoso - más no imposibilitado- para tener contacto con Dios.

El neoplatismo nos revela que no fue fácil vencer lo oscuro y engañoso de los
pensamientos que lo precedieron, y por ello no nos muestra ( no puede hacerlo) una completa reasignación del concepto, sin embargo, logra preveer alternativas a lo que se consideraba único e indiscutible: ahora tenemos una Venus Celeste, una vulgar y otra voluptuosa; personas entregadas a la contemplación, a la conservación de la naturaleza o a los placeres, según lo prefieran. Ese es el único, me parece, simple pero revolucionario avance. Nuevas opciones que se diversifican en nuevas concepciones y así, nuevas interpretaciones del mundo que conocían.

jueves, 17 de marzo de 2011

Carta



Al pasear el dedo por el calendario pensaba
cuándo fue que firmamos ese contrato, en el que
extrañarse a diario” no solamente era pétrea cláusula,
sino también orden ausente.

Cuándo o cómo fue.
Aquella vez que me despedí sin despertarte
o quizá cuando te preocupaste por saber
cómo me había ido en el día.

Vivir algo que no se anuncia me deja ansioso;
no sé si me hace más sabio por saber que lo reconozco
sin ayuda, o completo descuidado por no haberlo previsto.

No quiero fallarte mi pequeña saltamontes.
Empiezo a padecer las huidizas cláusulas que jamás vi.

(“Después de encariñarse con la persona, denomínale
un sobrenombre dulce, agradable, puede ser en diminutivo,
alusivo a algo especial etc., a fin de que al recordarlo años
después, suene ridículo”).

Abogo por nombrar a esto de alguna manera,
como quieras: una palabra de cinco letras, de dos, con números …
Necesito identificar esto que nos allana  al momento
de destender la cama para dormir a solas y cuando nos despedimos.

No anuncia su llegada cuando ya siento
nuevamente tu cuerpo de algodón que me llama a verlo.

Ofelia, empiezo a fungir responsabilidades que
creo mías cuando no estamos juntos:
me siento en deuda contigo si paso horas sin pensarte .

Espero sepas la respuesta.







Fotografia de Nan Goldin
- Clemens ans Jens making love - Hard in Mouth

miércoles, 2 de febrero de 2011

Cualquier otro lado





Me gusta encontrarte siempre en las avenidas que no cruzo,
debajo de los puentes incomunicados:
ecos unísonos que yacen bajo mi piel.

Adoro, también, rastrear palabras que se quedaron enfermas
en las camas de los hospitales o agonizando encerradas entre
pastas de libros viejos para hacerte un collar con ellas, todas esas
que se pierden entre las calles cuando amanece sol opaco.

¿Seremos iguales?
Cazamos luciérnagas de día y terminamos exhaustos antes
del anochecer, nos pesa tremendamente la idea
de reconocerlas sin luz. Creemos encontrarlas.
Me escuchas. Es pregunta. No importa. 

Del otro lado sé que me escuchas: en el asiento vacío del
transporte que tomo todos los días para ir a trabajar o
la carta que envío sin destinatario siempre me respondes ávidamente,
de todas formas como recuerdas o aprendes, comiéndome los ojos con
cada palabra que alimenta tu imagen.

Debajo este puente inválido te pienso tan seguido;
procuro saber de ti en los momentos oportunos y
extraviarte en aquellos donde me dificultas todo.

Somos par en la distancia, querella incomprensible que
se reconocerá apenas sabida …

Del otro lado estaré o me esperarás,
como  irrupción de ola que deviene caricia.