L
a restauración de la dignidad del cuerpo nos demuestra cómo el ser humano se atrevió a desnudarse a sí mismo, paulatinamente, de alma y cuerpo; despojándose de los miedos impuestos de la época y los suyos mismos, tomando su cuerpo a su propia disposición, desmitificándolo y viéndolo más carnal, más mundano y quizá en algunos casos más pueril. Viviéndolo enteramente, no a mortajadas; ahora no sólo se puede llegar a dios contemplativamente, súbitamente la gente encuentra otra alternativa, admirando la belleza y en consecuencia conociendo el amor.
Se pasa de una esfera en la que la única forma en la que se puede llegar a dios es por medio de admirar la belleza en cualquier lugar, para con ello, ver el alma misma y poder arribar hasta dios, a una contraparte, en donde el contacto físico, propio de los placeres sensuales, te hace decender demasiado en la materia y así, ser considerado menos virtuoso - más no imposibilitado- para tener contacto con Dios.
El neoplatismo nos revela que no fue fácil vencer lo oscuro y engañoso de los
pensamientos que lo precedieron, y por ello no nos muestra ( no puede hacerlo) una completa reasignación del concepto, sin embargo, logra preveer alternativas a lo que se consideraba único e indiscutible: ahora tenemos una Venus Celeste, una vulgar y otra voluptuosa; personas entregadas a la contemplación, a la conservación de la naturaleza o a los placeres, según lo prefieran. Ese es el único, me parece, simple pero revolucionario avance. Nuevas opciones que se diversifican en nuevas concepciones y así, nuevas interpretaciones del mundo que conocían.
jueves, 19 de mayo de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
Carta

Al
pasear el dedo por el calendario pensaba
cuándo
fue que firmamos ese contrato, en el que
“extrañarse a diario” no solamente era pétrea
cláusula,
sino también orden ausente.
Cuándo o cómo fue.
Cuándo o cómo fue.
Aquella vez que me despedí
sin despertarte
o quizá cuando te
preocupaste por saber
cómo me había ido en el día.
Vivir algo que no se anuncia
me deja ansioso;
no sé si me hace más sabio
por saber que lo reconozco
sin ayuda, o completo
descuidado por no haberlo previsto.
No quiero fallarte mi pequeña saltamontes.
No quiero fallarte mi pequeña saltamontes.
Empiezo a padecer las
huidizas cláusulas que jamás vi.
(“Después de encariñarse con la persona, denomínale
un sobrenombre dulce, agradable, puede ser en
diminutivo,
alusivo a algo especial etc., a fin de que al
recordarlo años
después, suene ridículo”).
Abogo por nombrar a esto de alguna manera,
como quieras: una palabra de
cinco letras, de dos, con números …
Necesito identificar esto
que nos allana al momento
de destender la cama para
dormir a solas y cuando nos despedimos.
No anuncia su llegada cuando
ya siento
nuevamente tu cuerpo de
algodón que me llama a verlo.
Ofelia, empiezo a fungir responsabilidades que
Ofelia, empiezo a fungir responsabilidades que
creo mías cuando no estamos
juntos:
me siento en deuda contigo
si paso horas sin pensarte .
Espero sepas la respuesta.
Fotografia de Nan Goldin
- Clemens ans Jens making love - Hard in Mouth
miércoles, 2 de febrero de 2011
Cualquier otro lado

Me gusta encontrarte siempre en las avenidas que no
cruzo,
debajo de los puentes incomunicados:
ecos unísonos que yacen bajo mi piel.
Adoro, también, rastrear palabras que se quedaron
enfermas
en las camas de los hospitales o agonizando
encerradas entre
pastas de libros viejos para hacerte un collar con
ellas, todas esas
que se pierden entre las calles cuando amanece sol
opaco.
¿Seremos iguales?
Cazamos luciérnagas de día y terminamos exhaustos
antes
del anochecer, nos pesa tremendamente la idea
de reconocerlas sin luz. Creemos encontrarlas.
Me escuchas. Es pregunta. No importa.
Del otro lado sé que me escuchas: en el asiento vacío
del
transporte que tomo todos los días para ir a
trabajar o
la carta que envío sin destinatario siempre me
respondes ávidamente,
de todas formas como recuerdas o aprendes,
comiéndome los ojos con
cada palabra que alimenta tu imagen.
Debajo este puente inválido te pienso tan seguido;
procuro saber de ti en los momentos oportunos y
extraviarte en aquellos donde me dificultas todo.
Somos par en la distancia, querella incomprensible
que
se reconocerá apenas sabida …
Del otro lado estaré o me esperarás,
como irrupción de ola que deviene caricia.
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