jueves, 17 de marzo de 2011

Carta



Al pasear el dedo por el calendario pensaba
cuándo fue que firmamos ese contrato, en el que
extrañarse a diario” no solamente era pétrea cláusula,
sino también orden ausente.

Cuándo o cómo fue.
Aquella vez que me despedí sin despertarte
o quizá cuando te preocupaste por saber
cómo me había ido en el día.

Vivir algo que no se anuncia me deja ansioso;
no sé si me hace más sabio por saber que lo reconozco
sin ayuda, o completo descuidado por no haberlo previsto.

No quiero fallarte mi pequeña saltamontes.
Empiezo a padecer las huidizas cláusulas que jamás vi.

(“Después de encariñarse con la persona, denomínale
un sobrenombre dulce, agradable, puede ser en diminutivo,
alusivo a algo especial etc., a fin de que al recordarlo años
después, suene ridículo”).

Abogo por nombrar a esto de alguna manera,
como quieras: una palabra de cinco letras, de dos, con números …
Necesito identificar esto que nos allana  al momento
de destender la cama para dormir a solas y cuando nos despedimos.

No anuncia su llegada cuando ya siento
nuevamente tu cuerpo de algodón que me llama a verlo.

Ofelia, empiezo a fungir responsabilidades que
creo mías cuando no estamos juntos:
me siento en deuda contigo si paso horas sin pensarte .

Espero sepas la respuesta.







Fotografia de Nan Goldin
- Clemens ans Jens making love - Hard in Mouth

miércoles, 2 de febrero de 2011

Cualquier otro lado





Me gusta encontrarte siempre en las avenidas que no cruzo,
debajo de los puentes incomunicados:
ecos unísonos que yacen bajo mi piel.

Adoro, también, rastrear palabras que se quedaron enfermas
en las camas de los hospitales o agonizando encerradas entre
pastas de libros viejos para hacerte un collar con ellas, todas esas
que se pierden entre las calles cuando amanece sol opaco.

¿Seremos iguales?
Cazamos luciérnagas de día y terminamos exhaustos antes
del anochecer, nos pesa tremendamente la idea
de reconocerlas sin luz. Creemos encontrarlas.
Me escuchas. Es pregunta. No importa. 

Del otro lado sé que me escuchas: en el asiento vacío del
transporte que tomo todos los días para ir a trabajar o
la carta que envío sin destinatario siempre me respondes ávidamente,
de todas formas como recuerdas o aprendes, comiéndome los ojos con
cada palabra que alimenta tu imagen.

Debajo este puente inválido te pienso tan seguido;
procuro saber de ti en los momentos oportunos y
extraviarte en aquellos donde me dificultas todo.

Somos par en la distancia, querella incomprensible que
se reconocerá apenas sabida …

Del otro lado estaré o me esperarás,
como  irrupción de ola que deviene caricia.


domingo, 31 de octubre de 2010

Otro más


Otro día mirando fijamente el techo,
sin saber qué hacer contigo;
la mordaza del silencio abultándose en la espalda,
ganando terreno en el cuerpo.

La lluvia te insinúa a ciegas,
acaricia las ventanas porque sabe de ti,
del otro lado te reconoce;
en algún charco ha sabido de tus pisadas lánguidas.

Gotas obcecas que me orillan, conminando tu presencia,
gritan cuando me golpean en la cara y
se entienden con mis lágrimas:
cómplices durante su instintivo camuflajeo líquido
donde tejen ríos que caen al suelo hasta
conseguir su homogéneo idilio, apenas discernible.

De menos ya van juntas, yo…

No sé qué hacer contigo, en qué ocuparte,
si postergarte o preterir tu existencia.
Cualquiera sin devanear abogaría por los tantos
tequieros que acostumbras decir, yo no,
te prefiero abismalmente lejos y entonces así,
me enseñes qué se siente extrañar esos dos segundos,
donde también, acostumbradamente, te sentía más próximo.

Si extraviarte entre hojas escritas
o mojarla para que se distorsionen
las almas fotografiadas con este bolígrafo,
que lo único que sabe hacer es extrañar,  
y después regresar a la línea de donde partió
para llegar sin recuerdos.



Fotos de NAN GOLDIN