lunes, 31 de octubre de 2011
Pasatiempo
Hay días en los que dormir no es opción
cuando los problemas se filtran desde el techo
cual borrasca en casa enferma,
asfixiando lo que toca y haciéndose de lo que envuelve.
Mi envés como bienvenida siempre.
Hay días
en los que solucionar problemas dejándolos sin solución
ya no apremia; sabes que estás creciendo,
que la vida ya te preparaba un lugar junto a ella,
con el Banco esperando en el teléfono a que le pagues
o el regaño de tu jefe en el trabajo.
Tardar mi ánimo para decidir sobre ellos,
en esta mesa de disecciones que es mi vida,
me los trae con hoja doble: más míos todavía,
el lamento diario como factura.
Ellos no hacen más que volver sin avisar y,
lo peor, con los mismos secos recados.
Aunque ataviados diferente,
los reconozco de otros lugares,
de sus gestos arcaicos como historia,
de sus presencias dilatadas
y sus voces pesadas con resonancia doble:
hacia adentro, a mi pensamiento; hacia fuera, a la vida.
Los problemas exigen solución
y yo lo cumplo, estoico;
no hago más que darles su lugar
más ellos a mí pocas veces;
les doy fin para la vida que me los ha traído,
no para mí, yo los sigo usando de pretexto
para gastar mi tiempo libre.
Los problemas: mi pasatiempo favorito.
sábado, 27 de agosto de 2011
Cálculo
Recuerdas cuando no
encontrábamos qué decirnos,
el silencio omnímodo lo
reiteraba todo.
Yo si.
Recuerdas cuando evitábamos
soñarnos
para no ver hacia fuera,
mejor despertábamos y nos
encontrábamos dentro.
Yo si.
Recuerdas cuando el cariño se
hizo de pies y tomó camino.
Recuerdas cuando dejé de
pensarte, en qué momento del día,
en qué mes fue, con qué
personas me encontraba,
qué estaba haciendo.
Yo tampoco.
domingo, 14 de agosto de 2011
Disección
En
los ojos del ego camina la tarántula
con
colmillos de mamut,
el
perfecto adulador del sentir:
máscara
del de los cuernos que caminan hasta el cielo.
Rey
de los amorfos espirituales,
incorporeidad
amoldada del lado flaco del hígado;
estorba
duele incomoda
sobrevive.
Intento
no evadir el tema, pero el ego se desdobla,
abarca
terreno y me mira sobre el hombro después
de
mandar a su hermano menor, el orgullo,
a
impedir resistencia.
Ausente
está de mí por las mañanas,
despierto
primero que él, y en mi alejamiento,
la
decepción de saberlo conmigo me hace extrañar
la
orfandad matutina del día siguiente.
Nos
aparta del enfrentamiento.
Se
llama huir, se llama envolvernos con la cobija
hasta
volvernos ovillo,
se
llama nadar en fuego sin desvenar el brazo,
se
llama dejar, dejar la huella como pista y no como testimonio,
dejar
de dar el embate frente al espejo,
la
presencia delgada y el tequiero dúctil.
Ego,
eres la madre sobreprotectora,
vulnerables
frente al mundo nos crees
y
aunque el calor apriete nos pondrás suéter
por
miedo a que enfermemos.
Tu
pecho, campo blindado donde nace
la
exhalación reprimida del suspiro zanjado,
surco
y acequia en manos del que inventa
embustes
justificando bienestar: materia fútil.
Se llama miedo,
miedo de reconocerte de
hueso frágil lagrima corta,
pecho angosto y pisada
ligera.
Se llama ego.
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