domingo, 29 de mayo de 2011

Nudos




Las distancias que siguen prolongándose;
un nudo brownoideo, diría el poeta, que
tercamente hizo una pausa en su recorrido
para demostrar que este encuentro siempre
le pareció fuera de lugar y caduco al tiempo.

Dejemos sopesar nuestro entusiasmo,
que las manecillas del reloj deambulen a su gusto,
como mejor les venga en gana, porque saben mejor
que cualquiera y congratulan esperas insinuadas
entre los sollozos del por qué.

He vivido separaciones horrorosas,
pero ésta es como la astilla que mancilla mis idas y regresos,
la que se estira en medio de un nudo en la garganta,
ese que hace a la vez de receptáculo del mensaje imperecedero,
del tartamudeo que he aprendido a entender en ti mejor que
cualquier palabra, de la mano ausente en el bolsillo y la mirada
que deja de ser para convertirse en ventana que permite huir,
coladera que filtra o la pluma que imprime.

Hoy, al tiempo le parecimos débiles,
incapaces, temerosos, atolondrados.
Hoy el tiempo, ese señor sin palabra, prefirió jugar con la casualidad
para hacernos creer que nos apartaba un lugar en la eternidad, juntos.
El destino, para qué mencionarlo, desde el primer momento nos separó.

Estamos dentro de ese grupo de personas que prefieren atender
el llamado del destino como el largo aliento que dará vida a este
encuentro conjurado a palidecer, el que se postra en la entrada de
la alcoba para prometer volver.


Imagen Belmorhea- Remembrance

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