
Ciño
a mi cuerpo navajas
que
liquidan mi piel con
el
menor movimiento.
No tardes, puedo vaciarme y
No tardes, puedo vaciarme y
el
nacimiento de costras dificultará
tu
hospedaje.
Dos
voces tomando el mismo
cuerpo
de estancia: arrullándonos,
confiando
en la espesa sangre acorralada
entre
sus pensamientos y amoldándonos a él,
donde
en tan poco espacio no hay lugar para
resentimientos,
para dudas, para malos momentos.
Da dos pasos, quizá reconozca
las
huellas sin conocerlas,
apóyate
en la pared que prefieras y hazle el amor:
tu
olor impregnado en ellas conmoverá mis recuerdos.
En
el vacío de los lugares grita dejando instrucciones de tu paradero,
la
resaca de tu eco me aconsejará donde buscarte.
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